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2 julio 2024 | Cultura del Perfume

¿CÓMO PERFUMARSE BIEN? ¿Y SI OLVIDÁRAMOS LAS REGLAS?

Actualizado el 20 de octubre de 2026

¿En la piel o en la ropa? ¿En las muñecas o en el cuello? ¿Dos pulverizaciones o diez?

Empecemos por lo esencial: aplica el perfume donde te guste llevarlo, sobre la piel sana o sobre una prenda que lo admita. Deja que se seque sin frotar y adapta la cantidad de pulverizaciones a su intensidad. Por lo demás, bastan unas cuantas precauciones, especialmente con el sol y los tejidos delicados.

El perfume es, ante todo, un placer. Lo llevamos para nosotros mismos, para seducir, para recordar, para cambiar de ánimo o simplemente porque nos encanta su olor. A veces, incluso sin intención de salir de casa.

Entonces, ¿por qué convertir ese placer en un procedimiento médico?

Los puntos de pulso: ¿de verdad son imprescindibles?

Muñecas, cuello, detrás de las orejas, pliegues de los codos e incluso detrás de las rodillas. Llevamos generaciones escuchando que el perfume debe aplicarse en los famosos puntos de pulso.

La idea tiene cierta lógica. El calor favorece la evaporación de las moléculas aromáticas y, por tanto, su difusión en el aire. Pero una mayor difusión no significa necesariamente una mayor duración.

Un perfume puede hacerse notar antes en una zona cálida sin permanecer allí durante más tiempo. No hace falta buscar el latido del pulso para disfrutar plenamente de una fragancia.

¿Te gusta perfumarte el cuello? Adelante. ¿Prefieres los brazos, los hombros o un lugar menos convencional? También está bien, siempre que la zona sea adecuada.

Los puntos de pulso son una tradición, no una obligación.

¿En la piel o en la ropa? Dos placeres diferentes

La piel es una superficie viva. Su temperatura, humedad y sebo influyen en cómo se evapora y evoluciona un perfume. Eso forma parte de lo que hace tan personal la experiencia de llevar una fragancia.

Con la ropa, la historia es distinta. Las fibras textiles pueden retener ciertos compuestos aromáticos durante más tiempo. A veces, el perfume sigue presente varios días después y vuelve a revelarse con el movimiento.

¿Quién no ha disfrutado al reconocer el perfume de ayer en una chaqueta?

En Les Bains Guerbois nos gustan ambas opciones: la piel para seguir la evolución de un perfume y la ropa para redescubrirlo de vez en cuando, en lugar de tenerlo constantemente bajo la nariz.

Pero no todos los tejidos admiten perfume. Algunas materias aromáticas pueden dejar marcas, sobre todo en la seda, el satén, el cuero y los tejidos claros o delicados. Conviene probar primero en una zona poco visible y dejar secar antes de ponerse la prenda.

Un buen perfume no merece que sacrifiquemos una buena camisa.

¿Y el pelo? También retiene los olores, pero un perfume convencional con alcohol no tiene por qué ser adecuado para usarlo habitualmente sobre el cabello. Existen productos formulados específicamente para ello.

Perfume y sol: cuidado con las sorpresas desagradables

En verano suben las temperaturas, dejamos más piel al descubierto y seguimos teniendo ganas de perfumarnos.

Aun así, conviene tomar algunas precauciones.

Ciertas materias aromáticas, en particular algunas esencias cítricas que contienen furocumarinas, pueden provocar reacciones fototóxicas cuando se aplican sobre la piel y después se exponen a la radiación ultravioleta. Pueden aparecer rojeces, inflamación y manchas de pigmentación.

Este riesgo no afecta a todos los perfumes. La perfumería moderna regula el uso de los ingredientes implicados y dispone de materias que permiten controlarlo.

Sin embargo, en la playa preferimos evitar aplicar grandes cantidades de perfume directamente sobre la piel expuesta al sol. La ropa puede ser una alternativa, siempre que no corramos el riesgo de mancharla.

Y recordemos algo evidente: por maravilloso que sea un perfume, nunca sustituye a la protección solar.

Frotarse las muñecas: ¿por qué seguimos haciéndolo?

Una pulverización en la muñeca izquierda, un pequeño roce con la derecha y listo. Casi parece que el perfume no pudiera funcionar sin esta ceremonia.

Nosotros preferimos dejarlo tranquilo.

Contrariamente a un mito muy extendido, frotarse las muñecas no «rompe» las moléculas aromáticas. La fricción distribuye el líquido sobre la piel y puede modificar su evaporación inicial, pero no se ha demostrado que mejore la duración ni la calidad del perfume.

Deja que la fragancia se asiente y se seque de forma natural.

Y si llevas veinte años frotándote las muñecas, tranquilo: no has destruido veinte años de perfumería.

¿Por qué dejamos de percibir nuestro propio perfume?

Te encanta tu perfume cuando te lo aplicas. Unas horas después, tienes la impresión de que ha desaparecido. Sin embargo, alguien todavía te felicita por su aroma.

Este fenómeno se explica en parte por la adaptación y la habituación olfativas. Nuestro sistema olfativo se vuelve progresivamente menos sensible, o presta menos atención, a los olores a los que estamos expuestos de manera constante.

El perfume puede seguir presente aunque nosotros apenas lo notemos.

Por eso solemos evitar perfumarnos demasiado cerca de la nariz, especialmente en la parte superior del pecho. Preferimos reencontrarnos con nuestra fragancia al movernos, en lugar de olerla continuamente.

Una pequeña costumbre personal para alargar el placer.

Porque a veces, para seguir disfrutando de un perfume, hay que aceptar no olerlo todo el tiempo.

¿Cuántas pulverizaciones? ¿Dos, cuatro, diez?

No existe una cantidad ideal.

Todo depende de la composición, su intensidad, la cantidad que libera el pulverizador y las circunstancias. Una cena íntima, una oficina compartida o una fiesta al aire libre no son exactamente lo mismo.

Algunos perfumes admiten una aplicación generosa. Otros tienen tanta difusión que una o dos pulverizaciones son más que suficientes.

¿Nuestro consejo? Empieza con moderación, observa cómo evoluciona tu perfume y ajusta la cantidad según tus gustos.

Y, sobre todo, no interpretes el hecho de dejar de olerlo como una invitación automática a aplicarte más.

Cuando el perfume llega antes que tú

Y luego están esos perfumes que se perciben a diez metros, mucho antes de que aparezca quien los lleva.

Todavía no conoces a la persona, pero ya conoces su perfume. A veces incluso tienes la sensación de habértelo tragado.

Algunas composiciones actuales utilizan generosamente superámbar, moléculas sintéticas de facetas amaderadas y ambaradas extraordinariamente potentes. Producen una difusión espectacular, con notas secas, a veces casi abrasivas, que pueden llegar a provocarnos náuseas.

Y lo más sorprendente es que, detrás de semejante demostración de fuerza, no siempre hay demasiados matices por descubrir.

Que no se nos malinterprete: no tenemos nada contra las maderas ambaradas. De hecho, las utilizamos en 1978 Les Bains Douches, creado por Bertrand Duchaufour. Pero con moderación, como una pizca de sal en un plato. Lo justo para dar relieve a la composición sin eclipsar los demás ingredientes.

En perfumería, como en cocina, la dosificación lo cambia todo.

Hay, además, algo bastante divertido en la perfumería de nicho contemporánea. Antes acudíamos a ella buscando un perfume que no llevara nadie más. Hoy algunos quieren llevar precisamente el que ya tienen todos los aficionados al nicho.

La perfumería de nicho también tiene, a veces, sus propios perfumes de masas.

Y cuando esas fragancias de moda comparten las mismas firmas amaderadas y ambaradas desmesuradamente potentes, acabamos oliéndolas por todas partes.

Algunas personas son especialmente sensibles a las fragancias y pueden sufrir dolores de cabeza, náuseas o síntomas respiratorios. El placer olfativo de unos no siempre es el de los demás.

Un perfume que se huele a diez metros no es necesariamente un gran perfume.

Es, sencillamente, un perfume que se huele a diez metros.

Así que, por favor, modera la mano con el pulverizador. Tus vecinos, y sus narices, te lo agradecerán.

Y tres metros de estela tampoco están nada mal, ¿no?

¿Y qué pasa con la duración?

A menudo nos preguntan cómo conseguir que un perfume dure el mayor tiempo posible. Pero ¿es realmente el mejor criterio para juzgar una creación?

Algunas materias son muy persistentes. Otras, más fugaces, pueden ofrecer facetas extraordinarias durante unos instantes.

Un perfume que dura doce horas no es necesariamente más bello que otro que desaparece antes. Hemos dedicado un artículo entero a esta confusión: Duración ≠ Calidad: el reverso de un perfume que «dura».

Podemos disfrutar al reencontrar una fragancia en nuestra ropa al día siguiente sin exigir que todos los perfumes batan récords de resistencia.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de perfumarse?

Como a cada uno le guste, con algo de conocimiento y un poco de consideración hacia los demás.

Un perfume puede ser íntimo, espectacular, discreto o generoso. Puede acompañarnos durante todo un día o dejar apenas un recuerdo fugaz. No existe una manera universal de llevarlo.

Nos gustan los perfumes con carácter y matices, a veces incluso con cierta extrañeza. Nos gusta descubrir cómo evolucionan y reencontrarlos cuando menos los esperamos.

Y preferimos que dejen un recuerdo antes que ocupar todo el espacio.

Al fin y al cabo, el perfume está hecho para acompañar la vida.

No para imponerle un manual de instrucciones.

Para saber más

Adaptación y habituación olfativas
R. Pellegrino et al., "Habituation and adaptation to odors in humans", Physiology & Behavior, 2017. Ver el estudio

Fototoxicidad de las furocumarinas
DermNet, "Phytophotodermatitis". Ver el artículo

Furocumarinas en perfumería
IFRA, "Furocoumarins update", 2025. Fuente: IFRA

Sensibilidad a las fragancias
A. Steinemann, "International prevalence of fragrance sensitivity", 2019. Ver el estudio

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