1978 LES BAINS DOUCHES: ¿CÓMO SE TRADUCE UNA NOCHE EN PERFUME?
Publicado el 20 de septiembre de 2024. Actualizado el 6 de octubre de 2026.
La primera versión de este artículo se titulaba «El perfume de la gloria».
Hoy ya no la llamaríamos así.
Primero, porque la historia de Les Bains Douches no necesita que nadie le explique que fue gloriosa.
Después, porque la pregunta interesante está en otra parte.
¿Cómo se traduce una noche en perfume?
No una fotografía.
No una lista de celebridades.
No una reconstrucción nostálgica de 1978.
Una sensación que alguien pueda seguir queriendo llevar hoy para salir, bailar, tomar una copa, volver demasiado tarde.
Esa era toda la dificultad de 1978 Les Bains Douches.
EN RESUMEN
1978 Les Bains Douches es un eau de parfum creado por Bertrand Duchaufour en torno a la memoria del club parisino que abrió en 1978.
La elección del perfumista no se debía solo a su escritura olfativa, a menudo asociada a las maderas, las resinas, las especias y el incienso. Bertrand también conocía Les Bains Douches desde dentro: él mismo lo había frecuentado.
La composición reúne, entre otras notas, yuzu, acorde whisky, davana, tabaco rubio, cedro del Atlas, mirra y vainilla.
Pero no se trataba de acumular los signos de una noche de club.
Había que encontrar el equilibrio.
Y, sobre todo, crear un perfume que no oliera solo a una noche pasada.
Tenía que seguir dando ganas de salir hoy.
¿TENÍA OLOR LES BAINS DOUCHES?
Por supuesto.
Pero desde luego no uno solo.
Whisky, tabaco rubio, madera, resinas, calor, piel, humo, aire nocturno.
Podríamos haber intentado meterlo todo en un frasco.
Probablemente habría salido un perfume caricaturesco.
Porque el perfume de un lugar no es un inventario de olores.
El perfumista tiene que elegir.
Lo que conserva.
Lo que intensifica.
Lo que olvida.
Y lo que inventa para recuperar no el olor exacto de un lugar, sino la sensación que producía.
1978 Les Bains Douches no es, por tanto, un archivo olfativo.
Es una interpretación.
¿POR QUÉ BERTRAND DUCHAUFOUR?
No necesitábamos un perfumista capaz de imaginar cómo era Les Bains Douches.
Queríamos a alguien que conociera el lugar desde dentro.
Bertrand Duchaufour había frecuentado el club.
Lo sabíamos cuando le confiamos 1978.
Pero esa cercanía con el lugar, evidentemente, no bastaba.
También hacía falta un perfumista capaz de trabajar la materia, la profundidad y el contraste sin caer en la ostentación.
Bertrand está asociado desde siempre a una escritura rica en maderas, resinas, especias e incienso. Él mismo explicaba que su estilo había girado durante mucho tiempo en torno a estas materias antes de abrirse a registros mucho más amplios.
Fuentes: Nose Paris, Bertrand Duchaufour; Grain de Musc, entrevista con Bertrand Duchaufour (2010, en francés).
Esa capacidad de construir perfumes densos manteniendo una estructura legible nos interesaba especialmente para 1978.
Porque el tema podía volverse pesado con facilidad.
El verdadero reto era conservar la noche sin asfixiarla.
¿ES EL LUJO UNA CUESTIÓN DE ACUMULACIÓN?
Para nosotros, no.
1978 podría haberse vuelto enorme con facilidad.
Whisky.
Davana.
Tabaco rubio.
Cedro.
Mirra.
Vainilla.
Todo estaba ahí para fabricar un perfume oscuro, espeso, ostentoso.
Y no era lo que queríamos.
En Les Bains Guerbois, nuestra idea del lujo tiene mucho que ver con el equilibrio.
No necesariamente con la discreción.
Tampoco con la potencia.
Con ese momento en el que las materias pueden tener muchísimo carácter sin que ninguna tome por completo el control.
Una balanza.
Nos llevó tiempo comprender hasta qué punto los cítricos eran esenciales para ese equilibrio.
¿POR QUÉ CASI UNA SOBREDOSIS DE CÍTRICOS?
En la salida hacía falta luz.
El yuzu y la naranja amarga no estaban ahí para que 1978 resultara fresco o veraniego.
Debían traducir otra cosa: el espectáculo de luces del club, la bola de espejos, los destellos, los reservados de colores.
Una noche en Les Bains Douches nunca era uniformemente oscura.
Había negro, claro.
Madera.
Tabaco.
Alcohol.
Calor.
Pero también estaban esos destellos que recortaban los rostros, los cuerpos y los volúmenes del lugar.
Casi necesitábamos una sobredosis de cítricos para recuperar esa sensación.
Brillo.
Transparencia.
Elegancia.
Y, sobre todo, alegría.
Porque una noche en Les Bains no debía ser solo oscura, humeante o decadente.
Estaba esa emoción tan particular del principio de la noche, cuando todo parece todavía posible.
Los cítricos aportan esa luz.
Después llega la noche.
Tardamos mucho en entender por qué este equilibrio funcionaba tan bien.
Visto con perspectiva, quizá sea precisamente ahí donde está nuestra definición del lujo: no acumular efectos, sino encontrar la tensión justa entre la luz y la profundidad.
¿CÓMO SE ADENTRA EL PERFUME EN LA NOCHE?
La davana introduce una faceta licorosa, casi afrutada.
El acorde whisky da de inmediato una temperatura y una actitud al perfume.
El tabaco rubio aporta materia y sensualidad.
El cedro estructura.
La mirra instala su profundidad resinosa.
La vainilla redondea el conjunto sin convertir la composición en un perfume gourmand.
La estructura oficial de 1978 combina yuzu, acorde whisky y davana en salida, rosa, heliotropo y tabaco rubio en el corazón, y después cedro del Atlas, mirra y vainilla en el fondo.
Fuente: 1978 Les Bains Douches, Les Bains Guerbois.
Pero, una vez más, lo que nos interesa no es la lista.
Es la trayectoria.
La luz antes que la profundidad.
¿UN ACORDE WHISKY CONTIENE WHISKY?
No necesariamente.
Y eso es justo lo que hace interesante la palabra «acorde».
En perfumería, un acorde consiste en combinar varias materias para producir una impresión olfativa reconocible.
Un acorde cuero no se fabrica destilando una cazadora.
Una nota marina no exige meter agua de mar en el frasco.
Y un acorde whisky puede recrear ciertas sensaciones ligadas al alcohol, la madera, la fruta, el calor o la fermentación sin necesidad de verter whisky en la fórmula.
1978 recuerda, por tanto, algo esencial:
la perfumería también es un arte de la ilusión.
¿DEBE UN PERFUME DE CLUB OLER A PASADO?
En absoluto.
Probablemente era el mayor riesgo con 1978.
Fabricar un recuerdo para quienes habían conocido Les Bains Douches y un objeto histórico para todos los demás.
Eso no nos interesaba.
Un perfume puede llevar una fecha sin quedarse anticuado.
Alguien que no había nacido en 1978 debe poder oler este perfume sin manual de instrucciones.
Debe poder llevarlo hoy.
Para salir.
Para bailar.
Para una noche que no tiene nada que ver con la de 1978.
El whisky, el tabaco y la mirra cuentan una cierta idea de la noche.
Los cítricos, la transparencia y el equilibrio impiden que esa noche se convierta en un disfraz de época.
1978 es un perfume de noche. No un recuerdo de una noche.
¿HAY QUE HABER CONOCIDO LES BAINS DOUCHES PARA LLEVAR 1978?
No.
Por suerte.
La historia enriquece el perfume.
Nunca debe ser una condición para que guste.
Al contrario, nos gusta la idea de que alguien pueda descubrir 1978 sin conocer una sola fotografía del club.
Llevarlo.
Salir con él.
Y solo después descubrir lo que lo inspiró.
En ese momento, el perfume deja de ser un recuerdo reservado a quienes estuvieron allí.
Se convierte en una experiencia nueva.
Probablemente es la única manera de que una historia siga viva.
¿ES UN PERFUME DE MEMORIA UNA RECONSTRUCCIÓN?
No.
Y eso es precisamente lo que nos interesa.
Nunca le pedimos a Bertrand que reprodujera químicamente el olor exacto de una noche en Les Bains Douches.
Nadie podría hacerlo.
La memoria selecciona.
Amplifica algunas sensaciones y borra otras.
El perfume funciona de la misma manera.
No documenta un lugar como un archivo.
Elige lo que merece quedarse.
Un perfume de memoria no es una prueba. Es una interpretación.
ENTONCES, ¿QUÉ QUEDA HOY DE 1978?
El lugar ha cambiado.
Las noches también.
Ya no se baila exactamente de la misma manera.
Ya no se fuma en los clubes de París.
Los códigos evolucionan.
Pero algunas sensaciones resisten muy bien el paso del tiempo.
Las ganas de salir.
La emoción antes de la noche.
El contraste entre la luz y la oscuridad.
El placer de estar en un sitio y no en otro.
Eso es lo que queríamos conservar.
No la gloria.
No la nostalgia.
La energía.
1978 Les Bains Douches no pide mirar la noche por el retrovisor.
Da ganas de volver.
O mejor aún: de empezar una nueva.


